martes, 26 de agosto de 2025

Pronósticos: un amor-odio eterno ☀️🌧️



En este episodio quiero contarles algunas de las veces en que el clima nos jugó las peores pasadas .
Muchos creen que exageramos cuando, con un pronóstico de 50% de lluvia, decimos:
"¡Toldo sí o sí, no importa el porcentaje!"
Pero no entienden que un solo chubasco puede arruinar horas y horas de montaje, y que un evento no se monta ni se desmonta en diez minutos. Son horas… y cuando los cambios se hacen corriendo, ya nada queda igual.


El evento empresarial y el toldo volador
En mis inicios, cuando todavía era novata y buscaba proveedores en Clásipar 🤣, tuvimos un evento para 600 personas.
Toldo colocado desde el día anterior, 17 horas de trabajo, todo perfecto… hasta que a las 3:30 am suena mi celular:
"¡Con el ventarrón y la lluvia, el toldo voló!"
No lo podía creer. El evento empezaba a las 8 de la mañana con actividades al aire libre.
A las 4 am ya estaba yo volando al lugar, llamando a todos los proveedores que podía, y milagrosamente conseguimos otro toldo que quedó listo a las 8.
Eso sí, las pruebas del desastre quedaron: jirones del primer toldo colgando de los árboles.
A la tarde llovió, y claro, el toldo salvó el evento.


El día que el pronóstico nos engañó
Otra vez, en San Bernardino, todos los pronósticos marcaban 100% de lluvia.
Pusimos el toldo, y no cayó ni una gota. Ese día casi me hago el harakiri contra la pared 🤦🏻‍♀️, pero la mamá de la quinceañera entendió perfecto que fue la decisión correcta.
¿Y al día siguiente? Pronóstico de sol… y llovió desde la mañana hasta las 6 de la tarde.
Ese cliente no quiso toldo ni de casualidad. Terminamos todas empapadas, moviendo sofás y decoraciones cada vez que paraba un poquito. Los chicos, eso sí, felices, riéndose en el barro.


La boda en el Náutico
Una boda soñada, muebles de madera maciza, un montaje de días… y una novia convencida de que no llovería, a pesar de que el pronóstico marcaba 70% de probabilidad.
A las 2 de la tarde del día del evento, diluvio total. El club se inundó, los manteles flotando, proveedores corriendo por todos lados.
La novia enojada porque nadie respetó los lugares asignados, y el novio en la puerta fumando sin parar de los nervios.
Por suerte, paró justo cuando llegaron los invitados, y hasta hubo fotos hermosas con el cielo despejado.


Del calor infernal al sol abrasador
También hemos vivido calor extremo. Algunos salones no prenden el aire y, adentro, la sensación térmica es de 50 grados.
De esos días aprendí que un ventilador portátil a batería es mi mejor amigo.
Y ni hablar de los montajes a pleno sol, sin sombrero ni protector solar… terminamos como cangrejos, rojas y doloridas, soñando con una ducha que casi nunca está disponible.


En 15 años hemos acumulado cientos de anécdotas: lluvias inesperadas, calores infernales, vientos que arrancan todo… y, aun así, salimos adelante, porque si algo nos caracteriza es resolver hasta lo imposible con una sonrisa, la verdad es que siempre nos terminamos riendo de todo lo que nos pasa, hasta estos peores climas no  logran doblegar nuestra alegria y el equipo genial que somos!

jueves, 7 de agosto de 2025

Una Novia, 2 estilos




Este no es el típico caso de una novia que decide cambiarse de un vestido largo y formal de ceremonia a uno más cómodo o práctico para la fiesta.

Este es el caso de una novia divina... a la que simplemente no le gustó su vestido.

Yo acostumbro a acompañar a mis novias a la última prueba del vestido, ya que hemos tenido varios casos donde faltaban los ganchitos, las cintas o —peor aún— nos enviaban ganchos grandes que no soportaban el peso del vestido, y terminábamos cosiendo como podíamos, sin estética, ya que no somos diseñadoras ni modistas.

Fuimos el jueves por la noche a la última prueba. La novia, en ningún momento, dio señales de disgusto; al contrario: todo el tiempo repetía lo hermosa que se sentía, cómo el vestido realzaba sus atributos y disimulaba esos defectos que no le agradaban.

Pero…

El viernes a la mañana me llama, entre lágrimas. Estaba en un verdadero ataque de llanto. Me dice que el vestido le parece horrible, que no le gusta nada, que no sabe cómo el día anterior no lo pudo decir... y que no hay tiempo de cambiar nada.

Intenté entender qué era lo que le molestaba o incomodaba del vestido. Pero no supo explicarlo. Solo repetía: “No es mi vestido. No me siento yo. Y estoy desesperada porque es el día más importante de mi vida.”

Le pregunté si estaría dispuesta a invertir en otro vestido. Me dijo que eso no era problema, el problema era encontrar el vestido correcto.

Sin perder tiempo, la cité en un shopping donde venden vestidos ya confeccionados. Las vendedoras, al ver la situación, se pusieron manos a la obra para encontrar algo que, si requería ajustes, pudiera estar listo a tiempo.

Elegimos cuatro vestidos que amó con solo verlos. Se los probó uno por uno… pero el segundo fue mágico💓.

Su llanto se transformó en una sonrisa de pura alegría. No hacía falta decir nada más. Ese era su vestido❣️. Y como si el universo lo hubiera planeado, no necesitaba ningún ajuste. Estaba hecho para ella.

Lo retiró esa misma tarde, impecable, planchado… y con una felicidad que le desbordaba el corazón.

Y qué decir del sábado... Estaba radiante👸. Con el zapato perfecto, el peinado soñado y un tocado que la hacía lucir preciosa. Se casó, bailó, y disfrutó como nunca.

No siempre es fácil decir cuando algo no nos gusta. Pero, por suerte, para eso existen las hadas madrinas… que con un poco de intuición y cariño, ayudan a dar ese toque de FINAL FELIZ! 👰🤵