En este episodio quiero contarles algunas de las veces en que el clima nos jugó las peores pasadas .
Muchos creen que exageramos cuando, con un pronóstico de 50% de lluvia, decimos:
"¡Toldo sí o sí, no importa el porcentaje!"
Pero no entienden que un solo chubasco puede arruinar horas y horas de montaje, y que un evento no se monta ni se desmonta en diez minutos. Son horas… y cuando los cambios se hacen corriendo, ya nada queda igual.
El evento empresarial y el toldo volador
En mis inicios, cuando todavía era novata y buscaba proveedores en Clásipar 🤣, tuvimos un evento para 600 personas.
Toldo colocado desde el día anterior, 17 horas de trabajo, todo perfecto… hasta que a las 3:30 am suena mi celular:
"¡Con el ventarrón y la lluvia, el toldo voló!"
No lo podía creer. El evento empezaba a las 8 de la mañana con actividades al aire libre.
A las 4 am ya estaba yo volando al lugar, llamando a todos los proveedores que podía, y milagrosamente conseguimos otro toldo que quedó listo a las 8.
Eso sí, las pruebas del desastre quedaron: jirones del primer toldo colgando de los árboles.
A la tarde llovió, y claro, el toldo salvó el evento.
El día que el pronóstico nos engañó
Otra vez, en San Bernardino, todos los pronósticos marcaban 100% de lluvia.
Pusimos el toldo, y no cayó ni una gota. Ese día casi me hago el harakiri contra la pared 🤦🏻♀️, pero la mamá de la quinceañera entendió perfecto que fue la decisión correcta.
¿Y al día siguiente? Pronóstico de sol… y llovió desde la mañana hasta las 6 de la tarde.
Ese cliente no quiso toldo ni de casualidad. Terminamos todas empapadas, moviendo sofás y decoraciones cada vez que paraba un poquito. Los chicos, eso sí, felices, riéndose en el barro.
La boda en el Náutico
Una boda soñada, muebles de madera maciza, un montaje de días… y una novia convencida de que no llovería, a pesar de que el pronóstico marcaba 70% de probabilidad.
A las 2 de la tarde del día del evento, diluvio total. El club se inundó, los manteles flotando, proveedores corriendo por todos lados.
La novia enojada porque nadie respetó los lugares asignados, y el novio en la puerta fumando sin parar de los nervios.
Por suerte, paró justo cuando llegaron los invitados, y hasta hubo fotos hermosas con el cielo despejado.
Del calor infernal al sol abrasador
También hemos vivido calor extremo. Algunos salones no prenden el aire y, adentro, la sensación térmica es de 50 grados.
De esos días aprendí que un ventilador portátil a batería es mi mejor amigo.
Y ni hablar de los montajes a pleno sol, sin sombrero ni protector solar… terminamos como cangrejos, rojas y doloridas, soñando con una ducha que casi nunca está disponible.
En 15 años hemos acumulado cientos de anécdotas: lluvias inesperadas, calores infernales, vientos que arrancan todo… y, aun así, salimos adelante, porque si algo nos caracteriza es resolver hasta lo imposible con una sonrisa, la verdad es que siempre nos terminamos riendo de todo lo que nos pasa, hasta estos peores climas no logran doblegar nuestra alegria y el equipo genial que somos!